¿Por qué crees que los pañuelos de seda natural enamoran? 

Acaba de ser la Semana de la Moda en Londres y todos los editores de moda y allí presentes, percibieron una vez más, la gran tendencia ascendente, los pañuelos de seda natural. Muchas de vosotras diríais que realmente no se han ido nunca, y así es.

Y es que, si nos remontamos y mucho, desde la neina Nefertiti en el antiguo Egipto hasta Grace Kelly y las que ahora conocemos y denominamos streetstylers se han apasionado con el estilo que emiten y difunden con un gesto tan sencillo.

Por supuesto que cada vez que pensamos en el gran resurgidor del pañuelo de seda natural, nos viene a la cabeza Hermés. La legendaria casa de la moda parisina que dio un giro transformador en su fábrica y pasó de construir muebles a tan legendarios lienzos. Los diseños de sus comienzos representaban un juego de mesa francés que escenificaba a dos compañías de transporte parisinas rivales con un grupo de damas y caballeros bien vestidas en el centro. El éxito fue de tal calibre que todas las revistas de la época resaltaban las cualidades del tejido. Hilos finos, brillo, ligereza, sensaciones nuevas en los colores y estampaciones. Un reinvento social que revolucionó a toda una época y toda una población. Hoy trabaja con un pequeño grupo de diseñadores y diseña unos 20 modelos nuevos cada año. El proceso sigue siendo minuciosamente artesanal en Francia y como dato curioso, se vende uno cada 25 segundos en todo el mundo.

Cuando llegaron épocas más duras en la década de 1930 se inventa el rayón, el glamour de aquellos maravillosos lienzos, sus magníficos coloridos y tejidos son presa de la decadencia de la producción en masa. Si bien es verdad que este tipo de producción no duró mucho ya que durante la Segunda Guerra Mundial se sustituyeron por linos y algodones. Tejidos éstos que daban una mejor sensación en lo funcional y sosegado. Su función básica durante esos años era colocar el pañuelo en la cabeza para el pelo y así evitar que se enredara o quedase atrapado en las máquinas en las que trabajaban que por aquel entonces eran de municiones. 

A partir de 1950 estos complementos reflejaban un ilusionado estado de ánimo después de la postguerra y los pañuelos de seda natural volvieron a asomar nuevamente con diseños elegantes, coloridos y con flores, muy especialmente. A partir de esta década las mujeres dieron comienzo a una nueva forma de llevar su vida y sus pensamientos y empezaron a experimentar. Ya no sólo los llevaban en la cabeza, sino que, los utilizaban enrollados como cinturones, como coleteros, atados en los bolsos y como no, pañuelos de seda natural anudados en el cuello.


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